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6 meses siendo mamá: amor, caos y salud mental

Hoy es el día mundial de la salud mental materna y quiero hacer una pausa para mirar hacia atrás y hablar con ustedes que siempre me leen y eso me hace inmensamente feliz.

Han pasado 6 meses desde que nació Tomás. ¿De verdad? No puedo creerlo. Seis meses desde que también nací yo.

Anoche lo miré… estábamos en ese momento cotidiano del bañito, con el afán normal, cuando de repente empezó a sonar Over the Rainbow 🌈 y algo raro me pasó.

Me congelé, miré fijamente a Tomás mientras él se reía, tranquilo, feliz, con ese azul cielo en sus ojos que me tiene tragada, y sentí algo difícil de explicar.

Una mezcla de nostalgia, amor, vulnerabilidad y fuerza, como si todo estuviera pasando al mismo tiempo dentro de mí. Y en ese momento lo entendí claramente: esto que no sé definir, y que me viene “atropellando” durante estos últimos seis meses y que me ha transformado tanto… se llama amor. Así de simple.

Amor verdadero. Amor incondicional. Amor puro.

Un amor que atropella porque no se parece a nada que haya sentido antes, eso tan indescriptible que me ha quebrado y fortalecido al mismo tiempo, es como un tornado que arrasa, pero también construye.

Ser mamá ha sido, sin duda, el tesoro más grande que Dios tenía guardado para mí, pero también ha sido uno de los retos más grandes que he vivido, especialmente a nivel mental.

La maternidad no es solo amor. Y decirlo no le quita belleza, le da verdad.

Viene con inseguridades, con miedos constantes que antes no existían, con dudas gigantes, con una ansiedad que jamás había experimentado, con una exigencia interna difícil de explicar.

Y a todo eso se le suma algo que pesa mucho más de lo que imaginamos: el mundo exterior.

Muchas de ustedes me han compartido algunos de esos ruidos que se vuelven pensamientos y cuestionamientos. Por ejemplo:

Si trabajas, cuestionan el cómo no estás con tu bebé en su mejor etapa.

Si no trabajas, también cuestionan cómo puede ser que tu “rol” como mujer se limita a ser mamá (uffff como si eso fuera algo menor).

Sostener una casa mientras crías no es “estar en la casa”, es un trabajo constante que no se apaga. Es lactar, a demanda, de día y de noche, preparar comidas, ordenar lo que se desordena en minutos, anticiparte a todo… y al mismo tiempo estar presente: jugar, alimentar, calmar, acompañar. No hay pausas reales, no hay horario de salida, no hay desconexión mental.

El cuerpo se cansa, la cabeza no para y la energía se reparte en mil frentes invisibles. Y aun así, en medio de ese desgaste físico y emocional, también convive algo muy cierto: es profundamente demandante, sí, pero también es un privilegio inmenso poder estar ahí para tu hijo en cada momento. Es un privilegio al cual me aferro con todas mis fuerzas cuando me quebranto, porque así tal cual lo soñé, lo planeamos con mi esposo y ahora lo vivimos, es una fortuna más grande que cualquier otra cosa.

Continúa la lista de exigencias. Si lactas, opinan. Si no, también.

El tiempo que lactas parece ser tema público, qué trauma el de la sociedad con este tema, porfa respaldemos a las mamás así decidan lactar un mes, seis, un año o dos o tres o los que quiera ella con su bebé, o sencillamente no lactarlo y ya… respetemos y dejemos de lado la visión superflua y corporal de un tema que es de las cosas más especiales y espectaculares del mundo materno. Es milagro, es ciencia, es alimento, son nutrientes… antes de decirle a una mamá que la leche ya deja de “servir” en x tiempo leamos del tema y aprendamos que no es esto una verdad y que más bien es un concepto socialmente aprobado para esconder la incomodidad que genera que una mamá amamante a su bebé públicamente. Bueno este tema es ufffff… creo que es el que ustedes más me comparten. Se puede cambiar esta narrativa si se entiende a fondo que la leche materna no deja de nutrir y que es una decisión personal que no debería explicarse tanto. 

Otro tema: si tu bebé duerme bien, “qué dicha”. Si no, entonces algo estás haciendo mal.

¿Por qué duerme contigo? ¿por qué no? ¿Le das teta para que se duerma?…

Y así, una lista interminable de juicios que, aunque uno ignore, sí impactan.

Es una carga silenciosa, pero muy real.

Yo lo he sentido. Y por eso hay algo que repito mucho: la recuperación no es de 40 días. Ni de 3 meses. Ni de 6. Es un proceso largo, profundo, que muchas veces nadie ve y que toma el tiempo que tenga que tomar.

Sin duda alguna mi mayor reto no ha sido físico, ha sido mental.

Claro que el cuerpo cambia, duele, se cansa, exige. A veces la espalda me duele, las muñecas me duelen, incluso los pezones… y me recupero y sigo. Hoy hay una tranquilidad en mí que no tenía antes y es que sé que en algún momento me sentiré cómoda viéndome al espejo, en algún momento tendré nuevamente energía para hacer ejercicio o para hacer dieta (nunca he sentido el hambre que da lactar). Porque de nuevo se espera que tras tener un bebé inmediatamente después estés como si no hubiese pasado nada y aunque pesa mentalmente verte “diferente” he tratado de verme con compasión y la verdad es que ya no tengo esa prisa apremiante, porque hoy más allá de lo estético, lo que siento es gratitud infinita por mi cuerpo.

Gratitud por un cuerpo que es fuerte.
Que soportó dolores y cosas que nunca imaginé. Que hoy alimenta a mi bebé.
Que sigue adelante, incluso con el cansancio, la falta de sueño y el desgaste físico.

Y si algo ha hecho la diferencia en todo este proceso ha sido mi red de apoyo. Sentirme acompañada, vista, contenida, porque esto no es para hacerlo sola.

Y ninguna mamá debería tener que vivirlo así.

Si hoy estás pasando por ansiedad, tristeza, o simplemente sientes que esto te sobrepasa… te entiendo. De verdad te entiendo. Y no estás sola.

Créeme, llega un punto en el que ese ruido externo empieza a apagarse y te encuentras viviendo la maternidad como la soñaste, no perfecta, pero tuya, y ahí es donde todo cambia.

Deja de importar si encaja en lo que otros consideran “correcto” y simplemente empiezas a vivirla a tu manera: más relajada o más exigente, más intensa o más tranquila, con tus propias reglas, miedos y ritmos.

También aparece algo que sé que muchas sentimos: esa sensación de que nadie dimensiona del todo tus preocupaciones.

¿Les pasa? Porque nadie más que tú entiende lo que significa la hora del sueño, la rutina de la noche, el valor de una siesta, o por qué te inquieta que lo sacudan fuerte, o que alguien extraño lo bese en las manos…

Son cosas que para una mamá lo son todo. Y está bien que para otros no lo sean, pero ojalá pudiéramos acompañar más desde la empatía, respaldar más a las mamás y ayudar a aliviar, aunque sea un poco, esa carga mental que llevan todos los días.

Ser mamá de Tomás ha sido, sin exagerar, lo mejor que me ha pasado, lo anhelé tanto que verlo aún me genera la sensación de estar viviendo un sueño. Creo que hay mujeres que nacen para determinadas cosas (profesionalmente, personalmente, la combinación de todos sus roles, etc) yo hoy sé que nací para ser quien soy en este momento, y no es como una limitación al futuro y a la cantidad de planes que tengo en la cabeza sino una reducción controversial pero que amo en este momento, yo nací para ser mamá.

Hay una magia en lo cotidiano que no sabía que existía: una sonrisa que te desarma, una mirada que te conecta con lo esencial, la sensación de estar construyendo algo mucho más grande que tú. Sí, hay cansancio y hay retos, pero lo que se gana es difícil de poner en palabras. Si estás dudando si dar ese paso, desde mi experiencia solo puedo decirte que es un viaje profundamente transformador, lleno de sentido y de amor real. Y también quiero decir algo que para mí es importante: ser mamá no es una única historia. Las mujeres que han perdido a sus bebés, las que lo intentaron y no pudieron o decidieron no seguir intentándolo, también son madres. Su amor también existe, también cuenta. Siempre que escribo las llevo en mis pensamientos y mi corazón cargado de oraciones para que Dios haga su milagro en sus vidas conforme a su plan perfecto.

La maternidad puede ser profundamente hermosa y, al mismo tiempo, profundamente retadora. Y ambas cosas pueden existir sin anularse.

Hoy, después de estos 6 meses, solo puedo decir que no es perfecto. Está lejos de serlo, pero es lo más real, lo más profundo y lo más transformador que he vivido en mi vida.

Y sí… es, sin duda, lo más sagrado para mí en este momento.

Otra cosa de la que se habla poco es del cambio tan abrupto en la pareja y cómo esto impacta directamente la salud mental de la mamá. La llegada de un bebé lo transforma todo, los tiempos, las conversaciones, la energía y, de repente, lo romántico pasa a un segundo plano. Ya no hay tanta espontaneidad, ni planes tranquilos, ni ese espacio exclusivo de antes. Y en medio de ese ajuste, la mamá no solo está sosteniendo su propio proceso emocional, sino también viendo cómo cambia una de sus relaciones más importantes. Aparecen el cansancio acumulado, la sensación de estar más en “modo equipo” que en “modo conexión”, e incluso momentos de soledad o frustración por extrañar lo que había antes. Pero también empieza a construirse algo distinto, menos idealizado, pero muy muy real. Una relación a prueba de niños ya venía fuerte de antes y se nota. Este amor que se ve en las madrugadas compartidas, en el apoyo silencioso, en sostenerse sin peros, yo me siento dichosa y me fascina el lugar en el que nos encontramos hoy como pareja, porque entendí que no desaparece, se transforma y se profundiza. Y entender que esto es parte del proceso, que es una etapa y no una pérdida definitiva en el tiempo, también es una forma de cuidar la salud mental en el posparto.

Y ojo a algo importante: no todas las mujeres viven la maternidad de la misma manera.

Hay quienes transitan esta etapa con más calma, sin sentir con tanta intensidad la parte compleja de la que yo hablo, y eso también es válido. Posiblemente muchísimas mujeres deciden no complicarse tanto la vida y toman decisiones que agilizan el proceso, o tienen muchísima ayuda de prestadores de servicios que pueden acompañarlas en casa… pero incluso en experiencias muy distintas, muchas compartimos momentos de “nube mental”, de cansancio emocional, de dudas que aparecen sin avisar. Por eso hablar de esto es tan necesario. Tal vez a ti no te pasó así, pero a alguien cerca sí le puede estar pasando. Y cuando hay conocimiento y apertura, es mucho más fácil acompañar desde la empatía.

En medio de todo esto, no dejo de preguntarme algo: ¿cómo hicieron nuestras mamás y abuelas para atravesar sus pospartos cuando ni siquiera se hablaba de salud mental? Sin información, sin espacios de conversación, muchas veces sin redes de apoyo como las entendemos hoy… y aun así sostuvieron hogares, criaron hijos y siguieron adelante. Pensarlo desde este lugar me cambia la mirada por completo. Este mes de las madres se siente distinto, más consciente. Hoy reconozco, de verdad, lo que implica ser mamá, y también lo fácil que es, como hijos, darlo por hecho. Crecer asumiendo que siempre van a estar, que su amor es incondicional, que su presencia es permanente… sin dimensionar todo lo que hay detrás. Tal vez este es un buen momento para agradecer más, para mirar con otros ojos y para honrar, con intención, todo lo que hicieron, y siguen haciendo por nosotros.

Compártanlo con todas las mamás que conozcan. De verdad creo que, en el momento correcto, una sola frase puede sostener un día entero.

Envíenlo también a sus familias, a quienes están por ser padres o a quienes sueñan con serlo. Porque este tipo de apoyo no se improvisa: se construye desde antes, con información, empatía y presencia.

Ojalá podamos tejer redes más conscientes. Redes donde cada mamá pueda hablar sin miedo, sin sentirse juzgada, sin pensar que está exagerando o “quejándose demasiado”.

Porque no se trata de tener siempre las respuestas. Se trata de sentirse acompañada, entendida y segura, esto lo cambia todo.

One Comment

  • Juana dice:

    Personalmente lo leo y me siento identificada, la critica, el compararse, el autocuestionarse nos invade cada dia, no se si es la facilidad de acceso a la información o la cantidad de información desinforma, no lo se, solo se que cada experiencia es distinta, que nos acompañamos, que tejemos esa red de apoyo que se convierte en una bendición, miro a mi alrededor y tambien solo puedo decir GRACIAS, por que apesar del cansancio, de la critica, de la soledad, estamos cada dia haciendolo lo mejor que podemos. Amamos la maternidad ? por supuesto, pero somos consientes de lo retadora que es sin importar tu condicion, lo que para mi es un problema quizas para ti jamas lo sea, pero no quiere decir que los problemas se deban comparar, es la realidad de cada una!

    Feliz dia de las madres! desde que soy mama veo el mundo de otra manera, y sueño con un mundo bueno y amable para el amor de mi vida!!!

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