Maternar con criterio propio: una generación que ya no hace todo “porque siempre fue así”
En esta nueva etapa de mi vida he notado algo muy interesante y es que la maternidad despierta (entre las miles de cosas) un criterio que uno no sabía que tenía, y que se vuelve intenso por el deseo primitivo y humano de mantener con vida al bebé que llegó a casa.
Este criterio acarrea muchas dudas. Muchas preguntas incómodas, tal vez preguntas que antes no se hacían… o que hoy sí nos atrevemos a formular.
Creo que hay un factor indispensable, y es que no somos una generación que materne en automático. Más bien observamos, contrastamos y decidimos. Para muchas personas puede parecer que lo hacemos en exceso, pero son opciones que hoy existen… y las estamos tomando, o no, todo respetable.
Este texto, como todo lo que escribo, es una opinión personal. No pretende convencer a nadie ni reemplazar jamás un criterio médico, pediátrico o profesional. Cada bebé, cada mamá y cada proceso son únicos, y las decisiones siempre deben tomarse con información y acompañamiento adecuado.
Lo que comparto aquí nace de mi punto de vista, sí, pero sobre todo de lo que muchísimas de ustedes me han contado en mensajes, conversaciones y desahogos que yo de verdad disfruto tanto, ustedes me lo han dicho y yo creo que es verdad: yo no soy sicóloga pero me queda tan bien jajaja. Hemos hablado con muchas sobre unas historias que se repiten, emociones que compartimos y situaciones que merecen ser nombradas y puestas sobre la mesa.
Estoy segura de que muchas se sentirán, al menos en parte, identificadas con lo que aquí habláremos.
No es una verdad absoluta.
No es una regla.
Es una reflexión.
Antes de iniciar el texto: a las abuelas, ayudadoras y acompañantes de este proceso, gracias.
Gracias por sostener, por estar, por aparecer incluso cuando no se pide ayuda. Gracias porque sin ustedes muchas no podríamos con todo. Porque son brazos que cargan, en muchos casos son las manos que cocinan, esas palabras en el momento justo que calman y esa presencia que nos mantiene a flote en los días más intensos. Este espacio las honra, y también invita a que sigamos caminando juntas, aprendiendo unas de otras, mezclando experiencia con evidencia, tradición con nuevas miradas, siempre desde el amor. Toda la ayuda siempre es recibida con amor y también con humildad de donde provenga.
Ahora sí habiendo dicho esto comencemos.
Somos una generación que cuestiona (y eso está bien).
El mensaje más importante para mí es este: no somos mejores ni peores que las generaciones pasadas, pero sí somos distintas.
Las madres y abuelas de antes hicieron lo que sabían, con la información disponible en su momento, y eso merece muchísimo respeto. Aún así, respetar no significa repetir algo que no nos hace sentido. Hoy tenemos acceso a ciencia, estudios, pediatría actualizada, neurodesarrollo, salud mental y evidencia real.
Y con ese acceso viene una responsabilidad: elegir conscientemente lo que nos haga bien a nosotras y, por encima de cualquier vanidad o ego, lo que sea mejor para nuestro retoñito.
Ya no creemos que la experiencia, por sí sola, invalide el conocimiento nuevo. Y para mí, ahí está el gran quiebre generacional. La frase “así se ha hecho siempre” ya no es un argumento suficiente.
El verdadero choque generacional
Aquí es donde quiero abrir esta conversación, porque sé que muchas mujeres de generaciones anteriores están dispuestas a reaprender.
Y algo clave: el conflicto no es la ayuda. El conflicto es la imposición. ¿Verdad?
Cuando una mamá decide distinto no está desafiando a nadie, no lleva la contraria ni cree que lo sabe todo. Simplemente está ejerciendo su rol, que además es el rol más importante de su vida. Muchas abuelas parten de una certeza válida: “yo lo hice así y funcionó”. Y es verdad, funcionó… para su contexto, para su momento, para su realidad.
Pero ese momento no contaba con el conocimiento que hoy tenemos. El ser humano evoluciona, y eso también aplica para la crianza. Los bebés de antes no son iguales a los bebés de hoy. Por eso prácticas de hace 30 años, incluso de hace 10 o 5, ya no siempre aplican. Seguro han oído la frase “los bebés de hoy nacen con un chip diferente”. Aunque suene a refrán, no está tan lejos de la verdad.
Lo bueno: hoy sabemos más
Y ojo, no quiero herir susceptibilidades. No es que antes se hiciera mal, es que hoy se puede hacer mejor. No por soberbia de esta generación, sino porque la ciencia avanza, y eso es uno de los mayores regalos que tenemos como humanidad.
Gracias a estudios serios y evidencia real, existen nuevas recomendaciones y actualizaciones en protocolos que buscan algo muy claro: el bienestar del bebé y de la mamá.
Cuestionar prácticas no es un ataque al pasado ni al clásico “así creció usted y mire, sanita”. ¿Se los han dicho? Jajaja.
No es ego. Es evolución.
Una verdad que conviene decir en voz alta
La persona más importante en la vida de un bebé es su mamá. (Por supuesto su papá también, pero aquí hablo desde el lugar materno). No es por control, es por instinto, presencia y responsabilidad.
La mamá en la mayoría de los casos suele ser quien lee las señales todos los días, es quien decide desde el amor, pero hoy también desde la información.
Y algo clave: nuestras decisiones tienen consecuencias directas en nuestros bebés, y eso lo tenemos clarísimo.
Por eso: entorno, confíen en que lo que estas madres deciden es lo mejor para esos bebés. Hoy contamos con pediatras, especialistas y acompañamiento para decidir con criterio.
Algunas me contaron que aplican la estrategia de a todo el mundo decirle “sí, sí, gracias”… y luego hacer lo que consideran correcto.
No es rebeldía. Es discernimiento.
Ser buena persona y poner límites no se contradicen
Algo que hablaba esta semana con una de ustedes y que me parece vital: se puede ser amorosa, agradecida y respetuosa, y al mismo tiempo poner límites firmes cuando hace falta.
Cuidar a un bebé implica proteger decisiones, y eso, a veces, incomoda. (Abuelas y entorno, no me dejen de querer 🙏).
Yo agradezco profundamente porque me he sentido respetada y respaldada, tal vez por mi personalidad o porque creo que saben que soy ñoña jajajaja, que cuento con un buen pediatra y que jamás dudaría de pedir un consejo en el momento en que lo necesite.
Cómo escuchar sin perder el centro
Los consejos van a seguir llegando siempre. Algunos son útiles y con seguridad todos vienen desde una posición de amor.
No hay que dejar de oír tampoco. Mi pediatra dice este dicho y es verdad: «Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre» y esto aplica para todo en la vida, ninguna postura radical es sana.
Muchoooos de los consejos son lindos y claro hay cosas ancestrales y culturales que están mandadas a recoger (mi pediatra, jajaja, lo cito de nuevo, les dice “los mitos, Barbarita”, jajaja). Pero que uno puede decidir hacer si le parecen divertidas y no afecten al bebé…
Por ejemplo ponerle vayetilla para “el sereno”, no hay evidencia en que funcione pero hacerlo no implica ningún riesgo para el bebé y se puede complacer la tradición familiar, o por ejemplo “raparlos para que el pelo salga más fuerte o abundante” (sí empareja, eso sí).
Peeeeero por ejemplo si el consejo es echarle isodine o alcohol al ombligo para que sane más rápido, pues no lo hacen porque si pone en riesgo de infección al bebé, o sea ahí huyen jajajaja ¿me hago entender?
La palabra no es discutir, es filtrar.
Insisto: desbloqueen la capacidad de elegir sin pedir permiso, pero que esas decisiones tengan lógica, fundamento y respaldo pediátrico.
Frases útiles, simples y claras:
- “Gracias, ahora el pediatra recomienda hacerlo así.”
- “Estamos siguiendo indicaciones actuales del doctor.”
- “Por ahora elegimos este camino.”
- “Nos sentimos tranquilos haciéndolo así.”
Escuchar no obliga a obedecer.
Agradecer no implica ceder.
No rechazamos a las generaciones pasadas. Jamás. La experiencia de las abuelas es sabiduría, y vale oro.
Pero estamos ampliando la mirada.
Estamos criando bebés… y también una nueva forma de maternar: más informada, más consciente y, sí, a veces más reactiva por tener que explicar cada decisión, las acompaño muchísimo a las que les ha tocado ademas de pasar por el posparto que es una etapa tremenda tener que lidiar con cualquier tipo de ansiedad adicional que genera no sentirse entendida o respaldada.
*Clic aquí si no han leído sobre el posparto les recomiendo muchísimo el blog de los 40 días.
Criar con criterio también es criar con entendimiento.
Elijan lo que consideren mejor, siempre protegiendo a sus hijos, incluso si esto implica poner límites a quienes amamos.
Sólo unos ejemplos de prácticas antiguas de las que ustedes más hablan y que hoy la evidencia científica ya NO recomienda:
- Dejar llorar al bebé para “fortalecerlo”.
- Pensar que cargar mucho al bebé lo malacostumbra. O que los bebés tienen la capacidad de manipular (además, ¿en qué momento esa palabra tan fea se le atribuye a un bebé?).
- Dar agua, coladas, anís o tés a recién nacidos.
- Dormir al bebé boca abajo.
- Llenar la cuna con almohadas, cobijas o peluches.
- Introducir alimentos antes de que el bebé esté listo (“curar el estómago”).
- Sobreabrigar por miedo al frío.
- Usar fajas, vendas o “apretarlo”.
- Aplicar remedios caseros en el ombligo, fajarlo, ponerle botones etc… ¡no!
- Besar al recién nacido en cara, boca o manitos.
- Creer que la lactancia “no llena” o que “la leche es floja” y que hay que dar fórmula sí o sí para que el bebé “duerma mejor”.
- Minimizar la intuición o preocupaciones de la madre.
- Restar importancia a la evidencia científica con el “así se criaron antes”.
No es que antes no pasara nada, es que muchas cosas no se nombraban, ni se medían, ni se entendían. Hoy sabemos que el cerebro del bebé se desarrolla en relación directa con el vínculo, la seguridad y la respuesta emocional del adulto.
Responder no debilita.
Acompañar no exagera.
Estar presente no crea dependencia.
Y algo muy importante que quiero dejar claro: respetar el criterio propio también implica respetar el criterio ajeno. Hay mamás que, aun con acceso a evidencia científica, deciden seguir los consejos de sus mamás, de sus abuelas o de su entorno cercano, porque eso les da paz, confianza y contención emocional, y eso también es válido. Cada mujer materna desde su historia, sus miedos, su red de apoyo y lo que le hace sentir segura. Justamente de eso se trata todo este cuento: de entender que no hay una sola forma correcta de maternar y que el verdadero avance está en poder convivir con las diferencias sin juicio, con amor y con respeto. Si una decisión nace del cuidado, del amor y no pone en riesgo al bebé, está bien, aunque no sea la que otra persona elegiría.
Mi pediatra es un hombre calculo de la generación baby boomer, y es una persona profundamente actualizada en la ciencia, de hecho la rompe con su enfoque homeopático.
Para mí, ese dato que les doy confirma algo innegable: es un tema de apertura, pues demuestra que se puede tener experiencia, años de práctica, sabiduría…y al mismo tiempo seguir estudiando, leyendo, actualizándose y acompañando a las nuevas mamás desde la evidencia y no sólo desde la tradición.
Por eso me gusta insistir en esto:
las abuelitas, suegras y generaciones anteriores no están excluidas del proceso, al contrario. Tienen un rol valiosísimo, pero ese rol hoy puede transformarse en algo aún más poderoso: acompañamiento y apoyo informados, creo que eso haría tan feliz a las mamás y alivianaría muchísimo el estrés de esos primeros días.
Y siempre lo diré: el instinto está por encima de todo, de lo antiguo y de lo nuevo.
¡Carguen a sus bebés! El tiempo vuela. Disfruten su lactancia el tiempo que quieran, no tienen que explicar tanto, mejor dicho hagan de su maternidad algo propio y muy lindo.
Ser madres nos transformó para siempre y eso incluye también nuestra forma de relacionarnos con los demás, por eso insisto tanto en intentar entender a esa mamá que nació, darle mucha contención, excesiva tolerancia, apapachos y más que nada, demasiada confianza en su forma de querer vivir su momento de novedad y amor extremo, así para uno sea diferente de lo que uno hizo o lo que uno haría, la real muestra de compañía es ese respeto.
Para las que quieren ser mamás, las que están embarazadas o ya son mamás (sin importar cuando) les recomiendo demasiado pero demasiado el libro Neuromaternal de la Dra Susana Carmona.
¡Es un lujo de lectura! Amé.
*También deberían leerlo los futuros y presentes papás para entender muchísimas cosas importantes.
Recuerden que todo este proceso merece ser honrado con empatía, amor y muchísimo goce… porque en un abrir y cerrar de ojos, esos bebés ya serán niños, y luego adultos.
Las leo! Cuénteme todo 🩵



Totalmente cierto, en mi proceso confío en mis decisiones y trato de escuchar con paciencia así no sea siempre lo que espero escuchar. Sin embargo el tema de la sobre información también abruma y asusta en ocasiones, en esta época la información es tan grande que aveces hasta se contradice, por eso es importante confiar en el instinto maternal y decidir lo que sea mejor para cada proceso, cada mamá y cada bebé.
Totalmente cierto, en mi proceso confío en mis decisiones y trato de escuchar con paciencia así no sea siempre lo que espero escuchar. Sin embargo el tema de la sobre información también abruma y asusta en ocasiones, en esta época la información es tan grande que aveces hasta se contradice, por eso es importante confiar en el instinto maternal y decidir lo que sea mejor para cada proceso, cada mamá y cada bebé.