Skip to main content

Hay una parte de la maternidad de la que se habla poco.

No es el parto. No es la lactancia. No son las noches sin dormir.

Es darte cuenta de que algunas personas que pensabas que iban a estar muy cerca de ti empiezan, poco a poco, a alejarse.

Y no siempre pasa después de una pelea.

A veces simplemente dejan de escribir.

Las conversaciones se vuelven menos frecuentes. Las invitaciones desaparecen. Ya no te cuentan ciertas cosas. Tú tampoco sabes muy bien cómo acercarte. Y un día te das cuenta de que extrañas muchísimo a alguien con quien antes hablabas de todo.

Yo extraño esas conversaciones.

Extraño que me contaran sus problemas intentando quedar embarazadas, sus dramas de pareja, sus cosas absurdas del día, esas conversaciones que no tenían ningún propósito más allá de hacernos reír o sentir acompañadas.

Y sí, entiendo que yo cambié.

Sería absurdo decir que no.

La maternidad me cambió muchísimo. Cambió mis prioridades, mis preocupaciones, mis horarios, mi forma de mirar el mundo. Ahora hay una personita que ocupa un lugar enorme en cada decisión que tomo.

Pero hay algo que me pregunto mucho:

¿Por qué parece que cuando una persona cambia, algunas relaciones sienten que ya no saben dónde ponerla?

Porque todos cambiamos.

Y, de hecho, me parece bastante extraño pensar que deberíamos permanecer iguales para conservar nuestras amistades.

No somos las mismas personas que éramos hace cinco, diez o quince años.

Algunos nos casamos. Otros se separaron. Algunos tuvieron hijos. Otros decidieron no tenerlos. Algunos cambiaron de país, de trabajo, de sueños. Algunos se volvieron más religiosos, otros dejaron de serlo. Algunos se volvieron más tranquilos, otros más aventureros.

La vida nos mueve.

Entonces, ¿por qué a veces esperamos que una amistad permanezca intacta mientras la persona que tenemos enfrente atraviesa uno de los cambios más grandes de su vida?

Quizás el problema no es que yo ya no sea la misma.

Quizás el problema es que todavía estamos aprendiendo a relacionarnos con esta nueva versión de mí.

Y también entiendo algo que me parece importante decir: es completamente normal que una mamá busque a otras mamás.

Yo lo he hecho.

Y lo he hecho con muchísima ilusión.

Encontrar mujeres que están viviendo lo mismo que yo ha sido precioso. Poder hablar de sueño, alimentación, pañales, pediatras, lactancia, alimentación complementaria, rutinas, miedos y todas esas pequeñas “primiparadas” que para alguien más pueden parecer insignificantes, pero que para una mamá primeriza pueden ocupar toda la cabeza.

Construir comunidad alrededor de la maternidad ha sido una de las cosas más bonitas que me ha regalado esta etapa.

Pero también puedo decir algo que me cuesta un poquito más:

me habría gustado sentir otras cosas respecto a algunas personas que ya estaban en mi vida.

Me habría gustado sentirlas más cerca.

Me habría gustado que algunas personas siguieran preguntándome cómo estoy, incluso si ahora mi respuesta incluye a Tomás.

Me habría gustado seguir compartiendo cosas que no tienen absolutamente nada que ver con ser mamá.

Porque sigo siendo Lina.

También quiero hablar de libros, de trabajo, de proyectos, de ideas, de comida, de viajes, de sexo con mis amigas, de amor, chismes pendejos, de tonterías, de cosas que me hacen reír.

Todas estas cosas pueden existir al mismo tiempo.

Y quizás ahí está el reto de las amistades cuando la vida cambia: entender que acompañar no significa necesariamente hacer lo mismo.

No necesito que mis amigos tengan hijos.

No necesito que piensen como yo.

No necesito que entiendan cada una de mis decisiones.

Pero sí me gustaría sentir que hay curiosidad por conocer esta nueva etapa de mi vida, en lugar de asumir que ya no tenemos nada en común.

Porque también puede pasar que quienes no tienen hijos piensen: “Ella ahora solo quiere estar con mamás”.

Y quizás una mamá piensa: “Seguro ya no quieren saber de mí porque mi vida ahora es demasiado diferente”.

Y entonces nadie pregunta.

Nadie se acerca.

Nadie dice: “¿Cómo encontramos una nueva manera de estar?”

Y así, sin que nadie lo decida realmente, una amistad empieza a desaparecer.

También sé que durante los primeros meses yo misma puse límites. Hay momentos en los que una mamá está mucho más cuidadosa con las visitas, las enfermedades, los espacios, los horarios. Hay cosas que antes eran sencillas y ahora requieren planificación.

Pero una cosa es necesitar adaptaciones y otra muy distinta es dejar de necesitar a las personas que amas.

Quizás no puedo salir como antes.

Quizás ahora el café tiene que ser en mi casa mientras el bebé duerme, el tema del sueño es un tema muy complejo por eso cada despertar de Tomás para mí va acompañado de un putazo jaja “fuckkkk se despertó Tomás” no porque alguien hizo ruido, no porque la música estaba duro, simplemente porque se despertó y esa es mi mayor lucha diaria.

Quizás una conversación tiene que ser por WhatsApp a las diez de la noche.

Quizás una visita tiene que ser más corta.

Quizás voy a llegar tarde.

Quizás voy a hablar veinte minutos de mi hijo y después voy a necesitar desesperadamente hablar de cualquier otra cosa.

Pero todavía quiero estar.

Y también quiero que estén.

Creo que la maternidad me enseñó que construir comunidad es fundamental.

Pero también me enseñó cuánto valor tienen esas personas que te conocían antes de ser mamá.

Las que conocen tus versiones anteriores.

Las que estuvieron cuando tenías otros sueños, otros problemas, otros miedos.

Las que saben quién eras antes de que alguien te llamara “mamá”.

Y quizás no deberíamos elegir entre unas y otras.

Podemos hacer espacio para ambas.

Porque no quiero que la maternidad sea una frontera entre “mi vida de antes” y “mi vida de ahora”.

Quiero que sea una nueva página.

Una página en la que quepa Tomás, pero en la que también quepa Lina.

En la que quepan las nuevas amigas que he encontrado en este camino y también aquellas personas que quiero seguir teniendo cerca.

Y quizás esta reflexión también sea una invitación para mí.

A preguntar más.

A escribir más.

A no asumir que alguien se alejó porque ya no le importo.

Porque probablemente ellos tampoco saben muy bien cómo acercarse a esta nueva versión de mí.

Tal vez las amistades también necesitan aprender a crecer.

Porque al final, todos cambiamos.

Y quizá una amistad verdadera no es aquella en la que seguimos siendo exactamente quienes éramos cuando nos conocimos.

Es aquella que encuentra la manera de querernos también cuando ya no lo somos.

One Comment

  • Stephanie Gómez Galvis dice:

    Wow, esto me tocó fibras. Me hizo pensar si quizás yo he sido una de esas personas que ya no pregunta tanto y, sin querer, hace que mis amigas que son mamás (tú incluida) sientan que porque son mamás yo ya no estoy.

    Pero luego lo pienso y digo: a mí no me importa que sean mamás. A veces es que pienso tanto en eso que prefiero no molestar. Pienso: “debe estar ocupada”, “esto es una bobada”, “puede esperar”… y así, sin querer, también puedo terminar tomando distancia.

    Y creo que ahí está una de las cosas que más me deja esta lectura: muchas veces no es falta de amor ni de interés, sino que cada uno está interpretando el silencio del otro. Una piensa “debe estar ocupada” y la otra puede estar pensando “ya no me escribe porque ya no le interesa”. Y mientras tanto, las dos se extrañan.

    Por eso me quedo con ese punto: las amistades también deben crecer, y uno tiene que tener la capacidad de aprender a crecer con ellas. Entender que todos cambiamos y que la dinámica de una relación también cambia, y aprender a convivir con eso. A hablar de esas cosas, a decir: “oye, te extraño”, “extraño que no me escribas”, “extraño escribirte”. A dejar el “hay que ver”, “hay que mirar” y pasar a la acción.

    Me encanta que esta reflexión llegue a todas las partes, a las mamás y a las no mamás. Que nos haga mirarnos, que despierte cada fibra y que nos recuerde que los vínculos también necesitan intención. Que siempre hay algo que podemos hacer de nuestra parte para cuidar una amistad, sin exigirle al otro que la sostenga solo.

    Y después, sí, dejar espacio para que la vida haga lo suyo. Porque también creo que hay cosas que simplemente tienen su propio tiempo y su propio plan. ❤️

Leave a Reply